La plata que más cuesta cobrar es la que ya vendiste pero todavía no entró. Si fiás, das plazo o trabajás con clientes habituales, la cuenta corriente es donde se te escapa la rentabilidad: una factura que nadie reclama a tiempo es, en la práctica, una venta a pérdida. Esta guía es para ordenarla.
Es el historial de cuánto te debe cada cliente: las ventas que le hiciste a crédito, los pagos que te fue haciendo y el saldo que queda. Bien llevada, en cualquier momento sabés quién te debe, cuánto y desde cuándo. Mal llevada —en la cabeza, en un cuaderno o en chats sueltos— es donde aparecen los "¿este ya me pagó?".
Una venta se anota en un lado, el pago llega por otro (transferencia, efectivo, cheque, Mercado Pago) y la imputación queda para "después". Cuando ese después no llega, el saldo deja de ser confiable: cobrás de menos, reclamás lo que ya te pagaron, o dejás envejecer deudas que se vuelven incobrables. El problema no es la honestidad del cliente, es la falta de un saldo único y al día.
El recordatorio amable y a tiempo es la herramienta de cobranza más efectiva y la que menos se usa, porque da fiaca hacerla a mano. Si el sistema ya sabe quién te debe y tiene el WhatsApp del cliente, mandar "te paso el resumen de tu cuenta" es cuestión de segundos —y la diferencia entre cobrar a 10 días o a 60.
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