La razón número uno por la que un comercio se queda años en un sistema que odia no es el precio: es el miedo a la migración. "¿Y mis clientes? ¿Y el stock? ¿Y si paro de facturar tres días?" La buena noticia: con un plan simple, la migración no frena nada.
Elegí un día a partir del cual todo lo nuevo se hace en el sistema nuevo — idealmente un inicio de mes, así el primer Libro IVA del sistema nuevo queda completo y prolijo. Hasta esa fecha, seguís operando normal en el viejo: nunca hay un día sin facturar.
Lo esencial son cuatro cosas, y casi cualquier sistema las exporta a Excel/CSV:
La migración se prueba con dos controles simples: que los saldos de cuenta corriente coincidan con el sistema viejo, y que los CUIT y condiciones de IVA de tus clientes estén validados contra el padrón de ARCA (esto evita emitir la letra equivocada desde el día uno).
El día de corte conviene tener a alguien del soporte del sistema nuevo a mano: la primera factura, el primer recibo y el primer cierre de caja son el 90% de las dudas. Después de esa primera semana, el sistema viejo queda solo para consultar lo histórico que no migraste.
Con los exports a mano, días, no meses. El volumen de productos y comprobantes define el plazo exacto, pero si un proveedor te habla de "proyectos de implementación" de varios meses para un comercio, está cotizando otra cosa.
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